En el antiguo Hotel Echaurren, existía una habitación junto a la cocina a la que familiarmente denominábamos El Cuartito. Esta estancia era el lugar donde comíamos los niños de la familia cuando llegábamos de la escuela; era el lugar donde comían nuestros padres al finalizar del servicio; era un lugar de juegos y el espacio en el que la señora Julia venía a remendar los manteles rotos. Tras su reforma, decidimos rebautizar así a este espacio, porque nos parecía importante ligarlo con los recuerdos y la memoria del Echaurren. El Cuartito, antes llamado Comilón, siempre ha sido ese lugar para comer de manera desenfadada, ese lugar al lado del comedor principal lleno la historia de nuestra familia.